ARTÍCULO

Llega a la galería de BazarAmericanoAlberto Passolini (San Fernando, Buenos Aires, 1968), y con él, dice Daniel García, la pregunta:  “¿Hay lugar para el humor en la pintura?”, que se responde de manera afirmativa: “Porque obviamente hay humor, y mucho, en la excelente pintura de Passolini, en esas versiones, preciosistas y a la vez corrosivas, de célebres y solemnes cuadros del siglo XIX (ese siglo tan amado por la historiografía local). Interpretaciones paródicas -que deben tanto al lenguaje de la historieta como a El pequeño Pony- de las pinturas de un panteón de artistas, locales como Prilidiano Pueyrredón o Ángel Della Valle, o europeos, como Raymond Monvoisin, Horace Vernet o François-Auguste Biard, pertenecientes al academicismo, al neoclasicismo o al orientalismo, es decir esos estilos del siglo XIX contra cuyo modo de representar -y contra cuya visión del mundo- se alzarían los impresionistas y posimpresionistas, y todo el arte moderno en general”.

En la sección “Reseñas” podrán encontrar lecturas de Vida de un gemelo, de Santiago Venturini; La descomposición, de Hernán Ronsino; Justo entonces, de Cristina Iglesia; El campo, de Osvaldo Aguirre; Volverse público. Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea, de Boris, Groys; El libro de los mandarines, de Ricardo Lisías; Las redes invisibles, de Sebastián Robles;Sur y Revoltijo, de Verónica Stigger; ¿Qué es un dispositivo?, de Giorgio Agamben; Río de congojas, de Libertad Demitrópulos; Cuaderno de campo, de Carlos Ríos; Las chanchas, de Félix Bruzzone; La guía del teatro de Shakespeare, de Kennet McLeish y Stephen Unwin.

En “Columnas” de esta actualización, Antonio Carlos Santos escribe su “Diário de Viagem”, desde Frankfurt y gira alrededor de la lengua alemana, y este giro se transforma en una forma de rodear la infancia, la adolescencia y el propio presente, abriendo las historias de un folletín familiar, escandido por escenas culturales deliciosas de Río de Janeiro. Federico Leguizamón, en “Salgo a caminar”, sigue en las calles de Copenhague, con un ojo incisivo: mira las marcas del control, repasa signos de la economía, detecta nuevos exilios.

Santiago Venturini entrevista a Eric Schierloh, que define Barba de Abejas, desde el principio, como “una pequeñísima, casi microscópica editorial artesanal y hogareña” y también como un proyecto “artístico-editorial personal”.  Schierloh responde las preguntas de Venturini con una lucidez poco frecuente sobre los haceres del editor, desmintiendo el gesto autista que podría sospecharse y armando, de este modo, una complejidad que redimensiona la práctica.

 

Como siempre, los lectores podrán contactarse con quienes colaboran en este número, o con los editores, a través del mail o vía facebook. También pueden recorrer el archivo de cada una de las secciones de BazarAmericano a partir del buscador.

 

Pasen y lean:

http://www.bazaramericano.com/reportajes.php?cod=19&pdf=si